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Retazos de psicodelia
El debut solista de Tim Presley y el anti supergrupo Cheena retoman viejas fórmulas lisérgicas para crear algo personal, lejos del pastiche.
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por JORGE LUIS FERNÁNDEZ

Pergaminos, al hombre no le faltan. En 2006, Mark E. Smith lo invitó a integrar la enésima formación de The Fall, la que registró el álbum Reformation Post TLC, y si bien enseguida abandonó el barco no dejó de colaborar cada tanto con el tirano de Manchester. Más recientemente, colaboró con la galesa Cate Le Bon y el prolífico norteamericano Ty Segall, dos nombres fuertes del indie under. Y después está el nombre, un sello distintivo en el rock, que arranca con el Rey de Memphis, sigue con el cantante de The Troggs y llega hasta el nido de este muchacho californiano. Pero del nombre, no puede decirse que haya sacado provecho.

Luego de varias bandas locales y su experiencia en The Fall, Tim Presley arrancó su carrera solista con el disco White Fence, y desde entonces el título pasó a ser su vehículo personal. Como White Fence, Presley sacó media docena de discos que trazan la actual evolución del lo-fi, desde que retoma el guante abandonado por Ariel Pink (al momento de su contrato con 4AD) hasta su flamante nuevo disco, inusualmente pulido y ya con la firma de su nombre personal. White Fence (Make a Mess Records, 2010) es un verdadero punto de inflexión entre la psicodelia y las raras armonías de Pink, y el caso se demuestra de entrada, con los arpegios jangle de “Mr. Adams” que rematan en un estribillo como alienígena, extraño a las correcciones tonales de los sesenta. “Who Feels Right?” es un descendiente extraviado del single “Mr. Evation” de Pretty Things. Presley se da espacio para hacer country con un xilofón de juguete (“I’ll Follow You”), en una veta pastoral psi que recuerda a sus contemporáneos The Skygreen Leopards. Pero Presley tiene varias facetas para ofrecer: en “The Gallery”revive el rockabilly punk de The Fall a los aullidos como Lemmy; “A Need You” es un homenaje encubierto a R. Stevie Moore, padre del lo-fi, y “Destroy Everything” chorrea fuzz con esa magia propia de The Seeds, mientras la voz se despega por senderos mucho más melódicos.

El proyecto White Fence alcanza su pico en los dos volúmenes de Family Perfume(Woodsist, 2012), editados sólo en vinilo y muy posiblemente titulados en un guiño a The Perfumed Garden, serie de compilados de oscuras bandas de garage inglés que salió a luz en los ochenta. En los discos hay de todo: country Dylan/Stones rebajado al lo-fi de Nikki Sudden en “It Will Never Be” y “King Of The Decade”; pura psicodelia en “Do You Know Ida Know”; voces en delay y guitarras distorsionadas en 11, estilo punk noise japonés, en “Down PNX”; un pastoralismo lisérgico, reminiscente de Pearls Before Swine, en “I’d Sing This Song”, y canciones donde Presley filtra berreos mediante pedales de efectos, como habrá aprendido de su mentor en The Fall. Entre ese eclecticismo, Presley introduce los mejores temas pop que pasó a cinta o hard disk: “A Hermes Blues”“Daily Pique”, “I Am A Sunday”, las maravillosas odas a Syd Barrett en “Lizards First” y a Ray Davies en “It’s Confusing When You Wake Up”, y una canción que mezcla a Barrett y Ariel Pink con pericia de relojero: “Upstart Girls”.

 

Con la producción de Cate Le Bon, The Wink es su flamante nuevo álbum, el primero que edita con su propio nombre y por el clásico sello indie Drag City. Y el cambio de nombre y sello también involucra un cambio de estilo. Si bien The Wink es un álbum más limpio, que involucra un corte con el lo-fi, Tim Presley sigue tomando elementos retro para hacer canciones con un filo distintivo. En “Goldfish Wheelchair” adopta un acento británico para interpretar una suerte de C&W en una guitarra trastocada de wah-wah y flanger. “Can You Blame” arranca con acordes del punk más pop, tipo Buzzcocks, y sube la tensión hasta derivar en ligados de guitarra esquizoides, al estilo del primer Talking Heads. En “Long Bow” usa un pianito de honky-tonk que deriva en un riff monstruoso, el tipo de cosas que hicieron de Meet The Residents un disco clásico. Con ritmo autómata y un saxofón, “ER” emula efectivas recetas del post-punk europeo. En la sentida balada “Morris”, entre acordes pelados y un ocasional órgano barato, Tim da consejos a alguien medio extraviado (“no vuelvas a mirar a la luna todo el día”), y la misma melancolía a lo Ray Davies aflora en el último tema, “Aura Aura”. En un testeo de un año atrás, de la prestigiosa disquería Amoeba para su siempre entretenida sección “What’s in my bag?”, Presley dio cuenta de sus amplios gustos musicales.

 

Otros que juguetean con cierto tipo de psicodelia punk son Cheena, el anti supergrupo formado por miembros de la banda doom gótica Anasazi y la cantante Margaret Chardiet, alias Pharmakon, que el año pasado estuvo en Buenos Aires y entregó un memorable set de noise. Todos los integrantes son nativos o adoptivos neoyorquinos, y la banda transmite la clase de crudeza garagera asociada a la ciudad desde el CBGB y los New York Dolls. En el debut Spend The Night With… (Sacred Bones), el grupo muestra ese ADN con algo de swamp rock y Stones cosecha setentas, resultando la mejor versión actual de Royal Trux. La mejor carta de presentación es “Car”, tercer tema del disco. Un machacante riff de Chardiet (que en la banda desempeña el rol de guitarrista), incitado por la guitarra slide de Logan Montana, es el vehículo para las letras mordisqueadas del vocalista Walker Behl, que en la banda hardcore Crazy Spirit templó un estilo melódico con actitud. “Lost My Way” transforma ese ritmo maníaco en algo más psicodélico y perverso, algo similar a Amen Dunes, colega del sello Sacred Bones. Pero es sobre todo en tracks como “Liberated Animal”, “Stupor” y “Tarzan” donde Cheena descarga su energía de un modo primitivo y a la vez mundano, tan inherente a esa súper nova compleja que es NYC. El fantasma de Johnyy Thunders (cuyo himno “You Can’t Put Your Arms Around a Memory” fue recreado por Presley) vuelve a deambular por las calles.

 

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